Todo el mundo sabe que hoy estamos viviendo el período de mayor incertidumbre de este
siglo, siendo muy generosos. Personalmente he tenido la suerte o mejor dicho la vida me
ha colocado en una situación que, ya sea a nivel personal o familiar, me permitió vivir y
experimentar varias crisis como la del año ochenta a través de mi padre, la del año 2001 y
la crisis financiera mundial en el 2008 a modo personal. También he podido observar
grandes cambios y agitación en el mundo, como la caída de las torres gemelas en el 2001,
el terremoto que ocasionó el tsunami –ola gigante- y la crisis nuclear que se generó en
Japón en el año 2011, grandes inundaciones como la de Tailandia que dejó a todo el país
devastado y el incendio que quemó a gran parte de Australia dejándola en una situación
de caos y destrucción. Y en todos estos eventos siempre hubo una absoluta falta de
certeza, pánico y miedo como suele suceder cuando ocurren estos sucesos de gran
magnitud de dolor. Sé por los cuentos de mi padre que mi abuelo fue una de las víctimas
de la gripe española de 1916 y que falleció cuando el viejo aún no había festejado su
segundo aniversario. Me imagino que ahí también debió haber un período oscuro de
incertidumbre muy grande. Pero en lo que va de mi existencia en la tierra, casi medio siglo,
veo que el nivel de falta de certezas que todos estamos presenciando con esta pandemia
no tiene precedentes dentro de mi memoria y de la historia contemporánea de la
humanidad. Desde que existe el hombre en la tierra hace casi 3 millones de años nuestro
cerebro fue mutando y adaptándose para la sobrevivencia. Por esta razón siempre está
buscando lo que está mal y lo que puede estar peor, para poder luchar, quedarse
congelado o escapar de la amenaza. No me mal entiendan, no digo que esto esté mal, es
más, es parte de nuestra genética; pero también nuestro lóbulo prefrontal, la parte donde
razonamos fue desarrollándose en consecuencia durante todos estos años. Por lo tanto, si
hacemos una de esas tres cosas cada vez que tenemos miedo, -luchar, congelarse o
escapar-, vamos a estar permanentemente presos en este círculo vicioso y esto hace que
sea imposible vivir. Todo nuestro sistema emocional se exacerba y nuestro sistema
límbico, donde se producen las emociones antes de que éstas sean razonadas en el
lóbulo prefrontal, se colapsa haciendo que nos volvamos aún más irracionales. Hace 70
mil años atrás nació nuestra especie, el Homo Sapiens, y desde entonces nos convertimos
en el único “animal” con capacidad de controlar nuestro comportamiento, incluso cuando
nuestras emociones instintivas dicen otra cosa. Este tremendo poder que nos fue
otorgado, llamado inteligencia, fue lo que nos permitió bajar de los árboles y conquistar la
física, la química, el espacio y el tiempo. Fue lo que hizo que construyamos mega
ciudades, aviones, submarinos, cohetes espaciales, computadoras y la red de
comunicación de alcance mundial más increíble llamada internet.
-Nosotros, los seres humanos, somos los únicos que podemos entrenarnos para tener
gran resiliencia y convertir el dolor y la incertidumbre en una fuente de fuerza interior.
Somos los únicos que podemos entender que el autocontrol es fortaleza y que la calma es
maestría. Hay que intentar llegar a un punto donde debemos ser muy críticos de las
opiniones y los comentarios de los otros (información masiva que nos llega a través de las
redes, con un alto porcentaje sin ser validada o comprobada) y evitar que nuestros
estados emocionales cambien todo el tiempo en base a las opiniones, la mayoría
infundadas, de los demás. Hay que evitar que los demás manejen nuestra vida y por ende
nuestro destino. Hay que evitar que nuestras emociones secuestren nuestro intelecto. Es
importante tomarse un tiempo para averiguar y tratar de validar la información antes de
aceptarla como una verdad absoluta que va calando hondo en nuestras creencias
haciendo que muchas veces generemos “convicciones masivas limitadoras”.
-A diferencia de los animales nosotros, los seres humanos, somos optimistas y tenemos el
don de la fe. La fe, que es un sentimiento de absoluta certeza, nos da la posibilidad de
afrontar y manejar lo que la vida nos depare. Es el superpoder de nuestra especie. La fe
es algo innato y nos da esa fortaleza adicional en los tiempos de gran inseguridad. Es más
potente que el miedo y de cualquier tipo de emoción y nos permite encontrar el equilibrio
suficiente para ayudarnos a nosotros mismos y a los demás. Cuando necesitamos de
referencias para que nos saquen del pozo es la fe la que nos eleva en medio de nuestro
sufrimiento y nos ayuda a encontrar un significado más esperanzador.
-Nosotros, los seres humanos, tenemos un gran regalo de la naturaleza y es que
somos una especie resistente. Somos adaptables y grandes supervivientes. Esta no
será la primer ni la última crisis que pasará por el mundo, y no será la única crisis que
nos tocará vivir a nosotros y a nuestros seres queridos. Las crisis tienen el poder de
transformar y encierran el poder de la oportunidad. En japonés, la palabra KIKI
significa crisis y los ideogramas que la componen, en Kanji, significan miedo y
oportunidad. Todos tenemos el ingenio de nuestra especie incorporado en nuestro
código genético, que dice que no importa las circunstancias que tengamos que
enfrentar siempre vamos a salir adelante. Entonces mi pregunta es ¿qué es lo que
vas a hacer?
Durante todos estos años al frente de mis empresas y liderando personas aprendí
que en momentos difíciles es cuando más tenemos que esforzarnos para crecer y
elevarnos como seres humanos. Es un momento para llevar nuestra vida a otro nivel,
dejando de lado aquello que nos frena y nos hace mal y abrazando el cambio positivo
y constructivo. Es un tiempo de cambios, es un tiempo donde te aconsejo que te lo
tomes como un tiempo para vos. Es un momento para aprender lo que siempre
dejaste de lado, para entrenarte en los diferentes ámbitos de la vida, para prepararte
para cuando pase la tormenta que te aseguro va a llegar ese día en que verás al sol
brillar con intensidad nuevamente. Es un momento para conectarte con las personas
que estabas distanciado y reconectarte con los que querés de verdad.
Si sos empresario como yo es tiempo, además, de enfocarte en tu negocio para crear
una estrategia nueva y construir la visión necesaria para llevar tu empresa al
siguiente nivel para poder tener éxito en el nuevo mundo que se está formando. Te
aseguro que esta tormenta también va a pasar y cuando vuelvas a salir a la cancha
nuevamente vas a tener que estar más preparado que antes, porque el mundo no va
ser igual. Mi experiencia me dice que las crisis siempre terminan y pasan, pero queda
la sabiduría y el buen juicio y las cosas nunca vuelven a ser como eran antes.
En este nuevo sitio voy a volcar mi aprendizaje como ser humano y empresario y a
trasmitirlo de la mejor manera posible buscando transformar y crear valor en las
vidas de aquellos que quieran crecer, esforzarse y elevarse como seres humanos.
Por último, es bueno recordar que la evolución que hemos sido testigos como
especie fue gracias a la revolución del conocimiento. Por lo tanto, llegó el momento
de ser más conscientes y responsables de nuestros poderes internos y de
recordarnos a nosotros mismos, y a los que amamos, de que somos los seres más
resilientes, de mayor fuerza de voluntad e imaginación del planeta tierra. Y que
además somos capaces de vencer nuestras emociones de pánico y de miedo,
transformándolas en una poderosa fuente de energía para crear un cambio poderoso
en nuestras vidas y, por ende, un futuro mejor para toda la humanidad.
